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EL PATRÓN ORO EN EL ECUADOR, 1898-1932
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Marco Naranjo[1]
Resumen
El presente estudio,
realiza una explicación sucinta de las características conceptuales del régimen
monetario del Patrón Oro y su aplicación en el Ecuador para los períodos
1898–1914 y 1925–1932. Sobre todo trata de evidenciar los efectos que generó este
sistema monetario sobre la estabilidad y el crecimiento económico en esta nación
andina de América del Sur.
Palabras clave: Patrón Oro,
Inconvertibilidad, Inflación, Devaluación, Reforma Económica.
Fecha de recepción: 11 de febrero de 2020. Fecha de aceptación: 15 de
mayo de 2020.
Abstract
The present study makes a succinct
explanation of the conceptual characteristics of the monetary regime of the
Gold Standard and its application in Ecuador for the periods 1898 - 1914 and
1925 - 1932. Above all, it tries to show the effects generated by this monetary
system on stability and economic growth in this Andean nation of South America.
Keywords: Gold Standard, Inconvertibility, Inflation, Devaluation, Economic Reform.
Receipt date:
February 11, 2020
Acceptance date: May 15, 2020.
Clasificación JEL: E42, N16
1. Introducción
Los Regímenes
Monetarios significan temas de permanente actualidad, sobre todo con el
aparecimiento de Uniones Monetarias en Europa, las propuestas de bloques
monetarios en América del Sur, los procesos de dolarización y abandono de la
soberanía monetaria en varias naciones latinoamericanas, los cuestionamientos
al dólar de los Estados Unidos como moneda de reserva y de comercio, etc.
Ante aquello, el
Mundo de hoy busca respuestas en la historia económica con el fin de entender
la viabilidad de los nuevos sistemas monetarios vigentes y, especialmente, para
enfrentar a los cuestionamientos que soportan estos sistemas monetarios.
En este sentido,
aquella frase de que la historia es maestra del presente y del porvenir tiene
particular relevancia, especialmente para el caso del Ecuador, un país
latinoamericano con un régimen monetario sustentado en un sistema dolarización
oficial, esto es, sin soberanía monetaria, el cual demanda de análisis
históricos de los patrones monetarios con el objetivo de encontrar paralelismos.
Por otro lado, muy
pocos trabajos se han desarrollado en el Ecuador, desde una perspectiva
esencialmente monetaria, sobre un tema específico como el Patrón Oro y su
aplicación en el país.
Bajo estas premisas,
el presente estudio realiza un análisis del primer patrón monetario
implementado como tal, esto es, como sistema monetario internacional en la
economía de mercado. Pero, sobre todo, busca evidenciar su aplicación y
funcionamiento en el Ecuador.
Se presenta entonces,
en un primer momento, la argumentación conceptual que está detrás del Patrón
Oro y su funcionamiento en el Mundo.
A continuación se
analiza la aplicación del Patrón Oro en el Ecuador, su vigencia durante dos
períodos: 1898-1914 y 1925-1932, su incidencia en el desempeño macroeconómico,
y su fin definitivo a raíz de la “Gran Depresión” de los años 30.
Por último, se enuncian
una serie de conclusiones relacionadas directamente con el estudio desarrollado.
2. Antecedentes conceptuales
El Patrón Oro tuvo
su origen en el uso de las monedas de oro como dinero genuino, esto es, como
medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. A pesar de que el oro fue usado para estos
propósitos desde tiempos muy antiguos, el Patrón Oro, en tanto institución
legal, tuvo su inicio “oficial” en 1819, cuando el Parlamento británico aprobó
la Resumption Act. Esta ley derivaba
su nombre de la exigencia mediante la cual el Banco de Inglaterra tenía la
obligación de cambiar el papel moneda que había emitido por oro a un tipo de
cambio fijo.
Más entrado el siglo
XIX, Alemania, Japón y otros países (el Ecuador lo hizo en 1898) siguieron el
camino británico y adoptaron el Patrón Oro.
Los Estados Unidos se unieron efectivamente al Patrón Oro en 1879, cuando
establecieron una equivalencia en oro los billetes de banco emitidos durante la
guerra civil. La ley de Patrón Oro de
Estados Unidos de 1900 institucionalizó los vínculos entre el dólar y el oro.[2]
Pero, en estricto
sentido, el Patrón Oro, como sistema, solo tuvo plena vigencia a partir de
1870, cuando un conjunto importante de países adoptó el vínculo con el oro como
elemento fundamental en la conducción de sus economías. Refiriéndose al tema,
Roy Harrod dirá que “...el Patrón Oro era, tal vez, el más respetado y
sacrosanto de todos los mecanismos del capitalismo del siglo XIX”.[3]
Se puede definir al
Patrón Oro por medio de sus tres características clásicas:
a) Disposición de libre
circulación de oro tanto entre individuos como entre países.
b) Mantenimiento de
paridades fijas de las monedas nacionales en términos de oro y, por lo tanto,
de las relaciones de cambio entre ellas.
En otras palabras: tipo de cambio fijo, aunque con un mínimo margen de
flexibilidad entre los puntos de importación y exportación de oro.
c) Ausencia de
instituciones coordinadoras o prestamistas dentro del sistema. Ese papel en la actualidad la cumplen
sustancialmente el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Sin embargo, en gran medida, durante el
período de vigencia primera del Patrón Oro, el Banco de Inglaterra cumplió un
papel parecido al de Banco Central del Mundo y de prestamista de última
instancia.[4]
Estas tres
características llevan, como mínimo, a dos consecuencias:
·
La existencia de asimetría entre los países con superávit y
aquellos con déficit en sus balanzas de pagos.
Bajo el esquema del Patrón Oro, un país con déficit tiene que exportar
oro, con lo cual, si el déficit persiste, agota sus reservas metálicas. Por el contrario, un país con superávit, si
acumula reservas, sufre el costo de oportunidad de esta acumulación, o sufre
presiones inflacionarias si el aumento correspondiente al superávit genera un
incremento de la circulación monetaria.
·
Para los países con déficit en la balanza de pagos, el ajuste
se consigue mediante la deflación en vez de la devaluación, pues una condición
sine qua non del Patrón Oro es la del tipo de cambio fijo. Deben entonces aceptar un cambio en el nivel
de precios pero no un cambio en la paridad fijada con el oro. En estos países, la disminución de los
precios, y probablemente de la producción, reduce las importaciones, hace más
competitivas las exportaciones, mejora la balanza de pagos y, atrae oro y otras
divisas. Este es el que se conoce como
mecanismo de ajuste a través del precio de las mercancías.[5]
El Patrón Oro
contenía poderosos mecanismos automáticos que contribuían a conseguir de manera
simultánea el equilibrio en las balanzas de pagos en todos los países que lo
aplicaban. Sin duda, el más importante
de éstos, es el mecanismo de ajuste vía precios propuesto en el siglo XVIII por
David Hume, el filósofo escocés describió este mecanismo como sigue:
Supongamos que las cuatro quintas partes de todo el
dinero de Gran Bretaña se destruyeran de la noche a la mañana, y que la nación
viera reducida de la misma manera sus monedas de oro y plata, ¿cuáles serían
las consecuencias? ¿No debería disminuir proporcionalmente los precios del
trabajo de todos los bienes, y venderse más barato? ¿Qué nación podría competir
con nosotros en los mercados extranjeros, o vender productos a los mismos
precios que a nosotros nos darían un beneficio suficiente? ¿Cuánto tiempo
necesitamos para recuperar el dinero perdido y subir a los niveles de las
naciones vecinas? Una vez que hubiéramos llegado, perderíamos inmediatamente
las ventajas de una mano de obra y unos precios más bajos y el flujo de entrada
de dinero cesarían a causa de nuestra abundancia y saciedad.
De nuevo, supongamos que todo el dinero de Gran
Bretaña se quintuplicara en una noche, ¿no debería ocurrir el efecto contrario?
¿No deberían subir los precios del trabajo y de los bienes a altura tan
exorbitante, que ningún otro país vecino pudiera permitirse comprarnos;
mientras que sus mercancías, por otro lado, resultarían comparativamente tan
baratas que, a pesar de todas las leyes que pudieran hacerse, nos arrollarían y
nuestro dinero se iría al exterior, hasta que cayéramos al nivel de los países
extranjeros y perdiéramos la gran superioridad de ricos que nos había conducido
a una situación tan desventajosa?[6]
Es fácil adaptar la
descripción de Hume del mecanismo del ajuste-precio a términos y situaciones
más actuales. Supongamos que el
superávit por cuenta corriente de un país es mayor que el déficit de su cuenta
de capital, excluidas las reservas. A
causa de que las importaciones netas que realizan los países extranjeros
procedentes de dicho país, no se financian enteramente con los movimientos de
capital procedentes de él, el saldo debe ser complementado con un aumento de
las reservas internacionales –esto es, de oro- que entrará en el mencionado
país. Estos flujos de oro reducen
automáticamente las ofertas monetarias en el exterior y aumentan la del país en
cuestión, empujando a la baja los precios exteriores y al alza los nacionales.
El aumento de los
precios en el país, junto con la caída de los precios en el resto del mundo –es
decir una apreciación real de la moneda del país en cuestión dado el tipo de
cambio fijo- reduce la demanda extranjera de bienes y servicios nacionales, e
incrementa al mismo tiempo la demanda de productos extranjeros. Esta desviación de la demanda actúa en el
sentido de reducir el superávit por cuenta corriente del país y el déficit de
los países extranjeros. En consecuencia,
llegará un momento en que cesarán los movimientos de las reservas,
equilibrándose las balanzas de pagos.[7]
El mecanismo de
ajuste-precio podía operar automáticamente bajo el Patrón Oro para equilibrar
las cuentas corrientes y de capital, y eliminar los movimientos internacionales
del oro. Pero además las reacciones de los bancos centrales a los flujos de oro
a través de sus fronteras proporcionaban otro mecanismo potencial para ayudar a
reestructurar el equilibrio de las balanzas de pagos. Los bancos centrales que perdían oro
continuamente corrían el peligro de no poder hacer frente a sus obligaciones de
cambiar papel moneda por oro. Por ello,
se sintieron motivados para reducir sus tenencias de activos nacionales a
medida que perdían oro, empujando los tipos de interés al alza y atrayendo
capitales de otros países.
Al contrario, los
bancos centrales que ganaban oro tenían muchos menos incentivos para eliminar
sus propias importaciones de ese metal.
El más importante de esos incentivos era el de restablecer la
rentabilidad total de su activo, a través de la compra de papeles que ganaban
intereses, pues las barras de oro eran carentes de rentabilidad. Un banco
central que estuviera acumulando oro podía verse tentado a adquirir activos
nacionales, bajando los tipos de interés e incrementando así los flujos de
salida de capital y produciendo la salida de oro al exterior. [8]
Con el Patrón Oro,
la primera de las responsabilidades de un banco central era preservar la paridad
oficial entre su moneda y el oro; para mantener esta paridad, el banco central
necesitaba de un stock adecuado de
reservas en oro. En consecuencia, los
administradores de la política económica veían el equilibrio externo no en
términos de un determinado objetivo en su cuenta corriente, sino como una
situación en la que el banco central no debía ganar ni (lo que es más
importante) perder oro a una tasa demasiado rápida.
Al respecto, el
Comité Cunliffe, que se ocupó de estudiar el retorno al Patrón Oro del Reino
Unido después de la I Guerra Mundial, manifestaba que la variable esencial para
la corrección de los desequilibrios era el tipo de interés:
“Bajo un patrón oro efectivo, las demandas de oro del
exterior deben permitirse libremente.
Una condición esencial de la restauración y mantenimiento del patrón oro
es, por tanto, que exista algún mecanismo que alerte sobre el flujo de oro al
exterior antes que se agoten las reservas.
El instrumento para este objetivo es el tipo de interés del Banco de
Inglaterra”.[9]
En efecto, cuando
antes de la I Guerra Mundial las reservas del Banco de Inglaterra decrecían se
elevaba el tipo de interés. Esta medida
operaba en dos sentidos: por una parte, la elevación servía para atraer directamente
el oro que se había exportado; por otra, para desanimar la demanda de crédito
de las empresas. De esa manera se
moderaba el gasto, tanto de consumo como de inversión, bajaban los precios,
disminuían las importaciones y se alentaban las exportaciones.
En general, los bancos
centrales, o las instituciones que hacían el papel de tales, intentaban evitar
las bruscas fluctuaciones de la balanza de pagos. Dado que las reservas internacionales en este
período tomaban la forma de oro, los superávits o los déficits en las balanzas
de pagos daban lugar a disminución de la cantidad de oro en un país y aumento
en otro. Para evitar grandes movimientos
en ese oro, los bancos centrales deficitarios adoptaban políticas que aumenten
los componentes del superávit de la cuenta de capital que no fueran reservas en
línea con el déficit de la cuenta corriente, lo contrario los bancos centrales
con superávit.
Esta actuación
monetaria, si se llevaban a cabo por los bancos centrales, reforzaban el
mecanismo de ajuste-precio, al empujar a todos los países hacia el equilibrio
de sus balanzas de pagos. Después de la
Primera Guerra Mundial, las prácticas de vender activos nacionales cuando había
déficit y de comprarlos cuando había superávits eran conocidas como las reglas de juego del Patrón Oro, frase
que, al parecer, fue acuñada por Keynes.[10]
Sin embargo, las
reglas de juego del Patrón Oro no siempre eran cumplidas, especialmente después
de 1914. Los incentivos para cumplir las reglas actuaban con mayor fuerza en
los países con déficit que en aquellos con superávit. De hecho, muchos países invirtieron las
reglas y esterilizaron los flujos de oro, esto es, vendían activos nacionales
cuando las reservas extranjeras estaban creciendo y compraban activos nacionales
cuando descendían. [11]
Ahora bien, en el
sistema de Patrón Oro, la moneda de cualquier país era convertible en oro,
tanto dentro como fuera del territorio nacional, y no sólo en oro sino en la
moneda de cualquier otro país convertible o sujeto a dicho Patrón; y esto a una
tasa de cambio fija. Con ello la moneda
pasaba a ser una moneda tan internacional como el oro mismo. De hecho, el término convertibilidad se usaba entonces, precisamente, en este
sentido. En consecuencia, ha de
destacarse que en el Patrón Oro los sectores interno y externo de la economía
de un país conformaban una sola unidad.
En este sentido, el
Patrón Oro constituye el primer ejemplo de un sistema monetario y financiero
organizado a escala internacional, su universalidad fue consecuencia de la
adopción por parte de muchos países de este sistema monetario con objetivos de
estabilidad a nivel nacional.
Sin duda, el patrón
Oro era un patrón internacional y esta dimensión fue particularmente importante
para los países en desarrollo o periféricos, ampliamente dependientes de financiamiento
exterior.
Por otra parte, como
han señalado Bordo y Kydland, la esencia del Patrón Oro era proporcionar una
pauta objetiva para la gestión interna de la economía, en el doble aspecto de generar
estabilidad macroeconómica y limitar las políticas activas y discrecionales de
los gobiernos. [12]
Es necesario dejar
constancia histórica de que en realidad el sistema de Patrón Oro internacional
a finales del siglo XIX y principios del XX era, de hecho, un sistema cuya base
era la libra esterlina debido a la importancia económica de la Gran Bretaña,
primera potencia de aquellos años.
En efecto, desde
principios del siglo XIX, Gran Bretaña realizó progresos considerables en su
industria y comercio exterior. Esta
circunstancia, unida a la confianza en la estabilidad de la libra esterlina
respaldada por reservas de oro, hicieron que dicha moneda se convirtiera en el
papel moneda internacional.
Adicionalmente, debido a la supremacía británica en el comercio
internacional y al avanzado desarrollo de sus instituciones financieras,
Londres se convirtió, de forma natural, en el centro del sistema financiero
internacional del Patrón Oro.
Estableciendo una
cronología básica del Patrón Oro, de acuerdo a sus características esenciales,
se pueden distinguir dos etapas básicas:
Primera, 1870-1914.
Patrón Oro clásico. Sus características
fundamentales se resumen en estabilidad de precios, gran movilidad
internacional de capitales, poca presencia de barreras arancelarias y
discriminaciones comerciales, fuertes movimientos migratorios, flexibilidad en
precios y salarios.
Segunda, 1924-1931.
Retorno al Patrón (de Cambios) Oro. Las
características de este período son las siguientes: Mayor peso social y
político de las organizaciones sindicales, atribución de responsabilidad en las
crisis a las políticas seguidas por los gobiernos y bancos centrales,
inestabilidad monetaria y aumento del proteccionismo, incumplimiento de las
Reglas de Juego del Patrón Oro, depresión y ruptura del vínculo monetario de
los países con el oro.
3. El Patrón Oro en el Ecuador
El Ecuador ha
presentado crisis monetarias permanentes desde su fundación como Estado soberano
en 1830. Para intentar terminar con
dichas crisis, sustentadas en la mala calidad de la moneda, la Convención
Nacional (Asamblea Constituyente), reunida en Quito el 22 de marzo de 1884,
dictó la primera Ley de Monedas, con la que se abandonó la anterior unidad de
valor de un PESO de ocho reales y se creó el SUCRE, dividido en 100 centavos,
como signo monetario oficial. Con esta
medida se aspiraba a terminar con la circulación de monedas de baja calidad
procedentes de Chile, Perú, Bolivia, Colombia y México, las cuales generaban
desordenes en los cambios.[13]
El sucre fue creado
con base a un patrón bimetálico (plata y oro). No obstante, durante su etapa
inicial se descubrieron nuevas y abundantes minas de plata en diversas partes
del mundo, lo que ocasionó la depreciación de este metal y la desaparición
consiguiente de monedas de oro en el Ecuador. Se produjo entonces la conocida Ley
de Gresham, según la cual la moneda
mala se come a la buena, y el país se vio inundado de monedas de plata.[14]
Aquello provocó la
desvalorización del sucre frente a la libra esterlina y otras monedas europeas
que funcionaban en base al patrón oro.
La depreciación fue de tal magnitud que si en 1884 se recibían 48
peniques de libra esterlina por sucre, en 1893 solo se cambiaban 35 peniques
por el mismo sucre.[15]
Para 1898 la inestabilidad
cambiaria había llegado a niveles especialmente elevados. En esa fecha, el Ecuador contaba con dos
paridades: la prevista por la Ley de 1884 que establecía, como hemos dicho, el
valor del sucre en 48 peniques, y la determinada en el acuerdo entre los
exportadores, según el cual un sucre equivalía a 24 peniques.
Ante la evidencia de
devaluación y desvalorización del sucre durante el período 1884-1898, se
postulaba la adopción del sistema de Patrón Oro con el fin de ofrecer a la
nación algunas ventajas, tales como reducir las tasas de interés y la
inflación, acrecentar la producción y la
riqueza nacional y atraer a la inversión extranjera.
El 23 de noviembre
de 1898, el Gobierno Nacional promulgó la Segunda Ley de Monedas en la cual se
fijaba un plazo de dos años para que el Ecuador adoptase el sistema del Patrón
Oro. Esta nueva Ley dio al sucre un
contenido de 0,73224 gramos de oro fino, estableciéndose, por lo tanto, el
cambio externo a razón de 10 sucres por libra esterlina y 2,05 sucres por
dólar.
La nueva Ley de
Monedas de 1898 exigía la plena convertibilidad monetaria. En efecto, establecía como requisito para la
emisión de billetes la condición de que debían ser convertibles en oro (un
soporte del 50% y luego del 33% de lingotes que el banco emisor debía poseer en
sus sótanos). De la misma manera,
establecía el sistema de pagos por giros al exterior y creaba una comisión
gubernamental encargada de vigilar que las emisiones monetarias de los bancos
no se apartasen de las exigencias legales requeridas por el Patrón Oro.
La incorporación del
Ecuador al Sistema de Patrón Oro generó confianza, especialmente respecto a los
tipos de cambio, los cuales se anunciaban diariamente en las pizarras de los
bancos de Guayaquil.[16] Dichas
cotizaciones eran estimadas como un barómetro de la situación económica
internacional del Ecuador, lo cual significaba un factor de credibilidad que
contribuía directa e indirectamente a la regulación de la balanza de comercio
exterior del país.
Es importante indicar
que desde aquellos años, tanto en materia de exportaciones, básicamente el
cacao, (ver anexo 4) como en materia de los precios de éstas, el Ecuador se
alineaba plenamente con los mercados de Londres y de Nueva York. Por lo tanto, con la adopción del régimen de
Patrón Oro, el automatismo de la emisión estaba en concordancia con las
entradas de giros o de oro provenientes de las exportaciones a esas plazas.
En efecto, a partir
de 1900, las exportaciones van a crecer permanentemente: 7,5 millones de
dólares en ese año; 8 en 1901; cerca de 9 en 1902; casi 13 en 1908; 14,2 en
1912; decaerán durante el inicio de la I Guerra Mundial; sin embargo, subirán a
15,9 en 1916; 19,8 en 1919 y llegarán a su máximo en 1920, año en el cual el
Ecuador exportó 20,3 millones de dólares.[17] (Ver anexo 3).
En estas
condiciones, la circulación monetaria, el crédito bancario y las transacciones
interiores de producción y comercio del país comenzaron a depender del monto y
valor de las exportaciones y del ingreso de capitales. En general, la economía empezó a tener una
marcada relación con los mercados extranjeros.
La estructura económica, en función de estos factores, evolucionó hacia
la modernización y la competitividad, sobre todo en el Litoral (Costa), la región
más dinámica de la República, pues, de ésta provenían la mayoría de las
exportaciones. (Ver anexo 5).
Adicionalmente, la
adopción del Patrón Oro provocó la consolidación de los bancos de emisión
existentes: el Comercial y Agrícola y el del Ecuador en Guayaquil, y auspició
la aparición de nuevos bancos de emisión al interior de la República como el
Banco del Pichincha en Quito y el Banco del Azuay en Cuenca.[18]
Ciertamente, al
revisar la primera etapa del Patrón Oro, 1870-1914, conviene destacar que, en
el caso del Ecuador, la adopción de este sistema produjo un automatismo
monetario y cambiario que funcionó con mucha regularidad. El tipo de cambio
establecido de 2,05 sucres por dólar se mantuvo casi sin variación hasta 1913,
con ligeras fluctuaciones entre un mínimo de 1,91 en 1906, y un máximo de 2,15
entre 1908 y 1913. (Ver anexo 6).
En resumen, además
de conseguir la estabilidad económica, la aplicación del Patrón Oro clásico en
el Ecuador fortaleció la integración al mundo del país, que volvió recibir
crédito internacional, como el otorgado para la construcción del ferrocarril de
Guayaquil a Quito, favoreció la creación de bancos, vinculó definitivamente a
la nación a los circuitos de comercio y de inversiones internacionales, y generó
las bases iniciales para la “acumulación
originaria” del capital.
Entre 1900 y 1913,
la situación monetaria, cambiaria y bancaria del Ecuador se presentó en forma
muy equilibrada. El tipo de cambio
fluctuó alrededor de 2,00 sucres por dólar.
Adicionalmente, y lo que es más importante, el Ecuador vivió una época
de progreso económico y material importante, a tal punto que la tasa de
crecimiento promedio anual fue superior al 5% y la del Ingreso Per cápita se
acercó al 2,5 %. (Ver anexo 1). Se reconstruyó Guayaquil después de los
pavorosos incendios de 1896 y 1902, se desarrolló la mayor obra de
infraestructura nacional (el ferrocarril Guayaquil-Quito), se realizaron las
obras de alcantarillado y embellecimiento de las principales ciudades; y la
producción de cacao aumentó de 411.349 quintales en 1900 a 1.008.767 quintales
en 1917.[19]
Como señala Luis
Alberto Carbo, todo el adelanto logrado por el Ecuador de inicios del siglo XX
se realizó sin devaluaciones, sin aumentar el nivel general de precios y mejorando
la calidad de vida de las grandes masas de la población. Al respecto es ilustrativo su análisis que
reproducimos en su integridad:
En aquel período no existía el Banco Central, ni la
Superintendencia de Bancos, ni un control de cambios. Lo único que existía entonces era un Patrón
Oro con una paridad realística. Se
argumenta que el buen funcionamiento del Patrón Oro en esos años se debe a la
relativa estabilidad política. Conviene
recordar, no obstante, que en el Ecuador no existía tal estabilidad. En 1906 una revolución derrocó al presidente
Lizardo García; en 1910 el Ecuador estuvo al borde de la guerra con el Perú; en
1911 un golpe de estado derrocó al gobierno del General Alfaro; tras la muerte
del presidente Emilio Estrada estalló otra revolución en la cual sus cabecillas
fueron linchados bárbaramente; en 1913 estalló en Esmeraldas una prolongada y
costosa revolución contra el gobierno del General Leonidas Plaza; y,
finalmente, en 1914 estalló la Guerra Europea.
Sin embargo de aquella serie de tan graves acontecimientos de
inestabilidad política, la situación monetaria, cambiaria y bancaria era
estable indiscutiblemente. Los problemas
surgieron cuando se dictó la Ley Moratoria que provocaba el abandono del Patrón
Oro.[20]
4. La Ley Moratoria y la primera
salida del Patrón Oro en el Ecuador
En 1914 estalló la I
Guerra Mundial. En agosto de ese año, el
gobierno decretó la Ley Moratoria o de inconvertibilidad, la cual produjo las
siguientes implicaciones:
·
Suspensión de la convertibilidad del billete ecuatoriano,
otorgando a los bancos emisores la posibilidad de seguir poniendo en
circulación billetes sin peligro de que se les obligase a convertir en oro dichos
billetes.
·
Permitir a los gobiernos ejercitar la política de
endeudamiento con los bancos privados de emisión, especialmente con el Comercial
y Agrícola, el del Ecuador y el del Pichincha.
·
Un buen volumen de productos de exportación ecuatorianos
quedó almacenado sin que se pudiera obtener su pago desde Nueva York y Londres
a causa de la Guerra.
·
La presencia de la primera crisis propia de la producción de
cacao, debida a plagas en las plantaciones, tales como la monilla y la escoba
de bruja.
·
Pérdida del poder adquisitivo del sucre, debida al exceso en
la emisión de dinero.
·
Fluctuaciones al alza del tipo de cambio del dólar a causa de
la inconvertibilidad.[21] (Ver anexo 6).
Ciertamente, la I
Guerra Mundial afectó a todos los miembros del sistema monetario internacional
y no perdonó al Ecuador. El Patrón Oro,
que como hemos visto era favorable para el país, dejó de funcionar, pues los
principales propulsores lo fueron abandonando como consecuencia de las
necesidades de emisión provocadas por el conflicto. El comercio internacional se detuvo y
desaparecieron los flujos de capitales.
En el espacio que duró la moratoria, 1914-1925, el sucre se devaluó en
150 por ciento.
Pero es importante
relievar que los problemas económicos del Ecuador en este período se produjeron
esencialmente debido a la emisión inorgánica de los bancos para financiar los
continuos déficits fiscales, los cuales se enfrentaron con deuda pública interna
adquirida precisamente por dichos bancos con dinero creado sin respaldo.
Por ejemplo, solo el
medio circulante creció en más de un 37% entre el 1 de enero de 1918 y el 31 de
diciembre de 1920 y, durante el mismo período, el crédito se incrementó en un
47%. Estos aumentos fueron notablemente
inflacionarios, pues la producción de cacao había disminuido en un 20% y la
producción nacional para el consumo interno permaneció estancada.
Adicionalmente, el
Ecuador se vio abocado a una “guerra civil” que se protagonizó en la provincia
de Esmeraldas, la cual duró cerca de 4 años, entre 1912 y 1916. Esta
sublevación fue causada por al llamado “Crimen del Ejido”.[22]
Para enfrentar a los
sublevados el Gobierno debió recurrir a financiamientos extraordinarios con el
Banco Comercial y Agrícola, pues el déficit público provocado por el conflicto,
sólo en el año 1914, ascendía a 3.558.158 sucres, esto significaba el 21% de
los ingresos presupuestarios.[23]
En general y desde
1868, los distintos gobiernos habían recurrido de manera permanente a préstamos
con los bancos locales para el financiamiento de sus déficits presupuestarios. Aquello debido a que el Ecuador no era sujeto
de créditos internacionales, pues se encontraba en permanente moratoria del
servicio de su Deuda de la Independencia. En realidad el financiamiento externo obtenido
para la construcción del ferrocarril fue extraordinario y para alcanzarlo el
país se puso al día con el servicio de la mencionada Deuda de la Independencia.[24]
Pero establecida la
Ley Moratoria, dichos créditos, claro está, eran fruto de emisiones sin
respaldo de los mencionados bancos que pasaban a financiar y dominar a los
distintos gobiernos de turno.
Se estableció entonces
una alianza entre la banca de emisión y la administración gubernamental. La primera ponía en circulación el dinero que
creyera y sin respaldo, a condición de financiar con ese dinero los déficits
fiscales de la segunda. Al final el
financista terminaba siendo dueño del financiado, el Estado.
De acuerdo a
reportes de la época, en el período de la Moratoria o inconvertibilidad, el “verdadero
dueño del Ecuador” era el banquero Francisco Urbina Jado, gerente del Banco
Comercial Agrícola. Aquello debido a que
este banco se convirtió en el mayor financista del Estado. Ni antes ni después de este período existió
una entidad, como el Banco Comercial y Agrícola, que controle las finanzas
públicas y la administración del Estado ecuatoriano de manera tan directa. Al
respecto es notablemente ilustrativa la siguiente frase que la transcribimos in
extenso:
“El Banco Comercial y Agrícola, de Guayaquil, en su
calidad de Depositario de los Fondos Fiscales y de la creciente Deuda del
Gobierno Nacional que al 31 de diciembre de 1922 era de más de 16 millones de
sucres, se vio obligado a mantener estrechas relaciones con el Gobierno y a
intervenir en los nombramientos o elecciones de ciertos altos funcionarios de
la Administración en protección de sus valiosos intereses económicos”.[25]
Pero como era de
esperarse, estas emisiones inorgánicas que favorecían a todas luces a los
bancos de emisión, perjudicaban a la inmensa mayoría de ecuatorianos que veían
deteriorada su economía debido a la inflación y la devaluación. En efecto, entre 1914 y 1925 el tipo de
cambio pasó de 2 sucres a 5 sucres por dólar y un estudio de la Misión Kemmerer
establece que, entre 1914 y 1918, los precios de los artículos vitales se
incrementaron en un 138%.[26] (Ver anexo 6).
Ante lo señalado, la
reacción popular no se hizo esperar. A
más de la Revolución de Esmeraldas, en noviembre de 1922 los trabajadores de
Guayaquil decretaron la primera huelga general, la cual buscaba el control de
las emisiones inorgánicas que provocaban las devaluaciones, la inflación y el
consiguiente deterioro de los ingresos reales.
Dicha huelga, reprimida a sangre y fuego, fue sólo el inicio de lo que
posteriormente significaría la Revolución del 9 de julio de 1925.
En resumen, entre
1914 y 1925 se conjugaron elementos internos y externos para el deterioro de la
economía nacional. La I Guerra Mundial,
que provocó el cierre de mercados y de flujos de capitales; la caída de precios
y cantidades del principal producto de exportación, el cacao; un aumento
desmedido del poder de los bancos de emisión y la puesta en circulación de
billetes sin respaldo en reservas áureas; y, las justas protestas de los
trabajadores, sectores medios e intelectuales.
Durante este
período, la tasa de crecimiento del PIB se redujo al 3,8% promedio anual, y el
ingreso per cápita creció solo al 1,3%. (Ver anexo 1).
Todo esto desembocó
en un cambio radical propiciado por la llamada “Revolución Juliana”, por
haberse desarrollado en el mes de julio de 1925, la cual fue llevada a cabo por
jóvenes militares, patriotas e intelectuales.
Una memoria
histórica del Banco Central caracterizó de forma ilustrativa lo ocurrido en el
Ecuador en aquella etapa.
A partir de 1917, y principalmente durante los cinco
primeros años de la década de los veinte, una infortunada concurrencia de diversas
causas puso al país al borde de la quiebra económica. Efectivamente la inflación que siguió a la
Primera Guerra Mundial, y que afectó al país entre 1917 y 1920; la deflación
iniciada en los Estados Unidos en 1920 y que también repercutió en nuestra
economía, la disminución de las exportaciones de cacao como consecuencia de la
misma, y luego la crisis interna de este producto debida a las pestes; la
elevación del tipo de cambio en el mercado libre y el alza de precios en los
mercados del exterior; la falta de estímulos a la producción nacional, la
emisión de billetes sin respaldo legal, el progresivo endeudamiento del Estado
con los bancos emisores, el malestar social, todo esto confabuló para propiciar
la Revolución Juliana de 1925.[27]
5. La Revolución Juliana y el regreso
al Patrón Oro en el Ecuador
Con la mencionada
Revolución se inició en el Ecuador un proceso de reforma económica y monetaria
importante. En esencia, la política económica de los revolucionarios julianos
era similar a la implementada con el Patrón Oro de 1898, la cual era
considerada como eficiente para alcanzar la estabilidad y el crecimiento.
La primera medida
que tomaron fue la de abolir la Ley Moratoria y establecer una Caja de
Amortización y Conversión, esto es, una primera aproximación a un Banco Central. De esta manera se impedía que los bancos
sigan emitiendo discrecionalmente.
Adicionalmente se intervino a los bancos de emisión y se los multó por
sus sobre emisiones de dinero.
Pero lo fundamental de
su accionar inicial fue el tratar de devolverle a la convertibilidad al sucre,
con lo que se eliminaba a la principal causa de la inestabilidad: la emisión
inorgánica de dinero, la cual generaba inflación, devaluaciones y el deterioro
de los ingresos reales de los trabajadores.
Inmediatamente
empezaron los preparativos para la fundación de un Banco Central, institución
considerada clave para el enfrentamiento al poder de los bancos privados de emisión
y para la aplicación del Patrón Oro.
Sin embargo, los
intereses afectados y el poder que representaban iban debilitando la fuerza
revolucionaria inicial juliana hasta convertirla en reformista.
Es así que de los
miembros de la Junta de Gobierno revolucionaria inicial pocos o ninguno se mantuvieron.
El propio Luis Napoleón Dillon, principal ideólogo de la reforma monetaria y propulsor
del Banco Central, fue prontamente excluido.
El movimiento juliano
empezó entonces a ser secuestrado por distintos grupos de presión. El proyecto inicial de fundación del Banco
Central comenzó a sufrir tropiezos y sólo se aceptaba su viabilidad si recibía
el aval de una misión técnica extranjera.
Se sometió entonces
toda la reforma económica anhelada a una misión internacional norteamericana
especialmente cara, pues su costo sobrepasó, sólo en honorarios, los 100.000
dólares de esa época.
Dicha Misión,
presidida por el profesor de la Universidad de Princeton, Edwin Walter
Kemmerer, partía de un modelo específico y universal de reforma monetaria que
lo había aplicado en Polonia, Guatemala, Chile, Colombia, entre otras
naciones. Al respecto es pertinente la
siguiente reflexión:
La transferencia tecnológica nueva era mínima. Kemmerer no apareció ni con muchas sorpresas
ni con ideas muy nuevas, ya que, esencialmente, llegó para instalar y para
legitimar las instituciones financieras ortodoxas de la época. Después de su visita a Colombia, en 1923, en
todos los demás países ya se conocían la mayoría de las recomendaciones de
Kemmerer antes de su llegada. Las leyes
de Kemmerer variaban muy poco de un país a otro, e inclusive podría afirmarse
que, después de Colombia, habría sido posible técnicamente que mandase sus proyectos
de leyes por correo... Hay que concluir que Kemmerer tuvo dos ventajas sobre
los políticos y los economistas nacionales: su conexión con el poder económico
de los Estados Unidos y su imagen de ser científico, objetivo y neutral. [28]
El modelo del profesor
Kemmerer buscaba recrear el Sistema de Reserva Federal en los países en los que
era contratado. Con una receta ya
practicada llegó a Guayaquil a finales de 1926 y empezó su trabajo, el cual lo
llevó a cabo sin oposición alguna.
Aquello porque para
la opinión general del país, el técnico de Princeton era algo así como un
profeta divino e incontestable, pues supuestamente traía la verdad
incuestionable. Así, Kemmerer emitió
leyes y creó instituciones que prontamente fueron aplicadas y fundadas por el segundo
gobierno juliano presidido por el médico Isidro Ayora. Además, dejó a sus asesores norteamericanos
para que dirijan a dichas instituciones.
Ciertamente, la
presencia de Kemmerer en el Ecuador permitió que el Gobierno emprenda reformas
sustanciales en el orden monetario y financiero del país, las cuales habrían
sido inaplicables sin dicha presencia.
Se dictó una nueva Ley Monetaria que adoptó el Patrón de Cambios Oro y
fundó el Banco Central del Ecuador como única entidad de emisión de dinero,
eliminando de esta manera la posibilidad de emitir por parte de los bancos
privados. Se creó la Contraloría General
de la Nación, la Superintendencia de Bancos, el Banco Nacional Hipotecario, la
Caja de Pensiones y se reordenaron todas las finanzas públicas.
Al Banco Central se
le otorgó el monopolio de la regulación de la emisión, la circulación de la
moneda y la estabilidad del tipo de cambio, así como la fijación de los tipos
de interés y de descuento. El llamado
“Instituto Emisor” se estableció con una reserva legal de 42.891.980 sucres, y
activos totales de 62.508.730 sucres.
Sus obligaciones por circulación y depósitos alcanzaban en 1927 los 58.573.781
sucres. El tipo de cambio fue de 4,95
sucres por dólar como punto de entrada de oro y de 5,95 como punto de
salida. El tipo de cambio oficial fue de
5 sucres por dólar.[29]
Pero es importante
dejar señalado que la idea de un banco central para el Ecuador no es original ni
del Gobierno Juliano ni de la Misión Kemmerer.
Ya en el siglo XIX, el presidente Antonio Flores Jijón presentó al
Senado un proyecto de decreto por el que se autorizó al Ejecutivo a disponer de
los medios necesarios para el establecimiento de un Banco Nacional encargado de
emitir billetes, suministrar al gobierno en dividendos mensuales las cantidades
necesarias para cubrir el presupuesto, amortizar la deuda externa y acuñar
moneda nacional. En 1890 el mencionado presidente
Flores señalaba al respecto:
Dígolo sin embozo, y aunque hiere intereses
existentes, entre los cuales están los míos propios. El Ecuador necesita imperiosamente el
establecimiento de un Banco Nacional que, además de esa obligación (la de
emitir billetes), tenga también la de anticipar a bajo interés ciertas
contribuciones.[30]
Por otra parte, es
necesario advertir que, a pesar de la supuesta “pulcritud” teórica y técnica de
los Gobiernos Julianos, se interpuso el interés específico que, utilizando los “principios
kemmerianos”, logró favorecer a los sectores bancarios que habían provocado la
inestabilidad monetaria anterior y que ahora se buscaba controlar.
Así tenemos que en
la presidencia del fundado Banco Central se colocó a un personaje proveniente
del sector terrateniente-bancario: Neftalí Bonifaz, quien, entre sus primeras
actuaciones, generó el primer salvataje bancario que recuerde el país.
En efecto, después
de la multa impuesta a los bancos que sobre emitieron por parte de los
revolucionarios julianos, estos bancos quedaron al borde de la quiebra. Pero los intereses que representaba este
funcionario se inclinaron para salvar al Banco del Pichincha. Para ello, contrariando al asesor Schwulst,
dejado por Kemmerer como asistente técnico del Banco Central, compró el
edificio del Banco del Pichincha de Quito en 628.266,37 sucres, un poco más de
125 mil dólares de esos años, en efectivo y en un solo pago, con lo que se
salvó de la quiebra al mencionado banco que había sido multado por sobre
emisión. Las siguientes citas tomadas del libro de Actas de Sesiones del
Directorio del Banco Central del Ecuador son esclarecedoras al respecto.
“...Agrega el señor Bonifaz, que la construcción misma
de este edificio significa al Banco del Pichincha un desembolso considerable,
de modo que si no logra colocar ese edificio, nada difícil es que el Banco del
Pichincha se vea precisado a ir a la liquidación... Insiste que hay que fijarse
bien antes de cualquier resolución, porque si no se toma el edificio del Banco
del Pichincha, la situación de éste es bastante apurada y al extremo de que
puede llegar a una liquidación... El
presidente Bonifaz hace notar que, dada la mala situación del Banco del
Pichincha, o se liquida o vende su edificio al Banco Central... Agrega que si
ese edificio vale más de 500.000 sucres, no sería propio del Banco Central
ninguna combinación en el sentido de explotar la mala situación del Banco del
Pichincha para arrancarle su edificio por 500.000 sucres”.[31]
La oposición
“técnica” a este manejo interesado exclusivamente destinado en salvar a un
banco está expresada con contundencia por el mencionado asesor Schwulst, quien
en sesión del directorio del Banco Central del 9 de junio de 1927 expresaba sus
reparos a la compra del edificio del Banco del Pichincha por las siguientes
razones:
·
“No le conviene al
Banco Central invertir desde un principio una fuerte cantidad en ese edificio.
·
El edificio es
enteramente muy mal arreglado y para adaptarlo de cualquier manera para las
necesidades del Banco Central sería necesario un desembolso considerable de
dinero.
·
Debido a la
localización de la bóveda, será necesario construir una escalera adicional
desde el primer piso al subterráneo, si es que deseamos evitar la necesidad y
el peligro de exponer a la vista pública el acarreo de dinero y valores desde y
a la bóveda.
·
No se debe dar mucha
importancia al precio de costo del edificio, porque una gran cantidad de ese
precio está representado por adornos que serían de ningún valor para nosotros.
·
Existen otros
edificios con mayores comodidades y de menor precio.
·
Si el Banco Central
espera unos tres o cuatro años antes de adquirir un edificio, estaría en
posibilidades no sólo de adquirir un edificio mucho más adaptable a sus
necesidades que el del Banco del Pichincha, sino también, uno que costaría
considerablemente menos dinero.
·
El público adquiere
la impresión favorable de la calidad y carácter de un banco, no por la
circunstancia de que el banco tenga un edificio imponente, sino por el hecho de
que el banco se halle en condiciones solventes y que pueda cumplir sus
obligaciones. Es decir, que la hoja de
balance de un banco es la medida empleada por el público para apreciar el
estado del banco, y no el edificio del mismo.
·
Las operaciones de
la Oficina principal del Banco en Quito serán reducidas y con excepción de las
funciones de la Agencia Fiscal, prácticamente no habrá contacto con el público,
pues la mayor parte de los negocios los hará la Sucursal de Guayaquil.
·
El Banco Central no
debería tomar en consideración la compra de un edificio al principio de sus
operaciones, sino arrendar un local por lo menos para los primeros años de su
existencia. Esto permitiría al Banco
acumular ganancias, con las cuales podría construir su edificio; y además, su
experiencia durante ese tiempo le indicaría el tipo de construcciones que
debería ser construido para satisfacer de una manera adecuada las necesidades
peculiares de un Banco Central. Tengo la
plena seguridad de que el local que ocupa la Sucursal en Quito del Banco
Comercial y Agrícola, sería completamente adecuado para el volumen limitado de
los negocios que tendrá la Oficina Principal del Banco Central.
·
El punto es que
debemos evitar el gravísimo error de cargar al Banco Central con un edificio
costoso, mal acondicionado y completamente inadecuado, como es el del Banco del
Pichincha. Si este edificio llega a
adquirirse, estoy seguro que encontraremos que tenemos en nuestras manos algo de
lo que nunca podríamos librarnos”.[32]
Este criterio
“técnico”, significó el despido al asesor en mención. Y, es que la técnica y la política económica
correcta en el Ecuador, en la generalidad de las ocasiones, no se concilia con los
intereses de sectores con objetivos específicos, con lo que la administración
gubernamental tiende, normalmente, a favorecer a esos determinados y puntuales
intereses.
De todas maneras, durante
este período de transformación, el Ecuador, desde el punto de vista monetario,
cambiario y financiero, consiguió estabilidad y mejoras en su crecimiento
económico. Hubo superávit en la balanza de pagos,
especialmente gracias a un empréstito de Suecia para la creación de la primera
institución financiera pública de desarrollo: el Banco Hipotecario, que
posteriormente se transformó en el Banco Nacional de Fomento. De la misma manera, permaneció la circulación
monetaria en límites compatibles con la aplicación del Patrón Oro, se mantuvo
el tipo de cambio fijado por la Ley y se restableció en parte la producción de
cacao. Las instituciones bancarias
crecieron y los créditos a medio y largo plazo beneficiaron al sector agrario e
industrial.
En efecto, entre
1927 y 1929 la tasa de crecimiento promedio del PIB se acercó al 5,5% y la tasa
de crecimiento del ingreso per cápita fue del 3%, las cuales son similares a las
de los años de aplicación del primer Patrón Oro, entre 1898 y 1914, y bastante superiores
al período de inconvertibilidad. (Ver anexo 1).
Parecía que de nuevo
el país se encaminaba por el sendero del progreso. Sin embargo, la “Gran Depresión” desatada en
los Estados Unidos a partir de 1929, la deflación mundial y la ruptura del Patrón
Oro por parte de Gran Bretaña en 1931, liquidaron el proyecto fundacional y
estabilizador juliano.
A partir de 1930 el
Ecuador se sumirá en una profunda crisis que durará más de una década, debido
sobre todo a la pérdida de su sector externo, ya que sus clientes tradicionales
se encontraban en recesión. Las exportaciones, que tradicionalmente dinamizaban
la economía, se desplomaron de 15,8 millones de dólares en 1928 a 5,3 millones
de 1933, registrando una tasa de decrecimiento acumulada del -94,73% para esos
años.
La desaparición de
los mercados internacionales por la “Gran Depresión” no significó para el país,
como en el caso de otras naciones latinoamericanas, una oportunidad de
desarrollo de su mercado interno, pues este no existía, en tanto el Ecuador no
fue receptor de corrientes migratorias y tampoco había realizado procesos de
reforma agraria que generen ese mercado interno.
Además, el Patrón
Oro, al dejar de operar en la mayoría de países, no garantizaba el
funcionamiento de los mecanismos de ajuste automáticos a través de los precios
o de las tasas de interés, más bien el permanecer dentro del “Talón Oro”
generaba bajas permanentes en las reservas internacionales, por la caída de las
exportaciones, lo que provocaba disminuciones constantes en la cantidad de
dinero, deflación, caídas en la producción y desempleo. Entre 1930 y 1933 la
tasa de crecimiento promedio del ingreso per cápita de los ecuatorianos fue
negativa, por primera vez en el siglo XX, en el -0,8%. (Ver anexo 1).
Ante aquello, el
Ecuador suspendió la convertibilidad en el mes de febrero de 1932 y se encaminó
a una de las peores etapas de su historia, caracterizada por la
desestabilización y la crisis, en la cual estuvo en juego su propia
supervivencia como estado independiente, pues su estructura económica,
política, institucional y territorial terminó siendo gravemente afectada. Solamente con el establecimiento del sistema
de Bretton Woods, basado en el dólar y en la relación de éste y el oro, el país
retornó por el sendero de la estabilidad y el crecimiento.
Un análisis de los
efectos de la “Gran Depresión” de los años 30 sobre el Ecuador trasciende los
alcances de este trabajo; no obstante, se ha empezado a asumir el reto de
analizar aquellos años desde una perspectiva monetaria.
6. Conclusiones
El
Patrón Oro, al ser un régimen monetario sustentado en la emisión convertible de
la moneda y el tipo de cambio fijo, generaba procesos automáticos que llevaban
a la estabilidad macroeconómica. Sobre
todo, evitaban la inflación, las devaluaciones y la pérdida del poder de compra
de la población.
Para
el caso específico del Ecuador, lo señalado ha sido particularmente claro, pues
solo alcanzó estabilidad, cuando en 1898, casi setenta años después de su
fundación como Estado independiente, se integró al sistema monetario internacional
basado en el Patrón Oro.
Es
más, en el período de 1914-1925, en que el país abandona el Patrón Oro, la
inestabilidad se presentó debido a las emisiones inorgánicas de dinero que
generaron las consiguientes inflación, devaluación y deterioro de los ingresos
reales de los ciudadanos.
Fueron
sobre todo las necesidades de financiamiento del presupuesto público las que
promovieron la discrecionalidad en el manejo monetario, pues los gobiernos
ecuatorianos buscaban créditos “fáciles” en los bancos de emisión.
Sin
embargo, esa “facilidad” resultó costosa, pues los bancos acreedores terminaron
manejando al Estado.
Precisamente
para enfrentar la inestabilidad y el poder adquirido por los bancos de emisión
se produjo la “Revolución Juliana”, la cual, como era de esperarse, implementó
nuevamente el Patrón Oro en el Ecuador y, gracias al aval de la misión
presidida por E. W. Kemmerer, generó un proceso de institucionalidad económica
con la fundación, entre otras, del Banco Central del Ecuador, la
Superintendencia de Bancos y la Contraloría General de la Nación.
No
obstante, la dependencia estructural de la economía ecuatoriana del mercado
mundial, provocó que, ante la Gran Depresión de los años 30, el país abandone
definitivamente el Patrón Oro y se sume en procesos de inestabilidad y decrecimiento.
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Anexos
Anexo 1: Evolución
del PIB a precios constantes de 1980, en dólares internacionales constantes de
1980 y PIB Per Cápita en dólares
|
Año |
PIB a precios
constantes de 1980 en millones de sucres |
Tasa de
crecimiento del PIB % |
PIB en dólares internacionales
constantes de 1980 en millones de dólares |
Tasa de
crecimiento del PIB en dólares internacionales |
Población en
miles |
PIB per cápita
en dólares |
Tasa de
crecimiento del PIB per cápita en USS |
|
1900 |
5.287 |
374 |
964 |
388 |
|||
|
1901 |
5.526 |
4,52 |
391 |
4,55 |
988 |
396 |
2,06 |
|
1902 |
5.778 |
4,56 |
409 |
4,60 |
1.013 |
403 |
1,77 |
|
1903 |
6.043 |
4,59 |
427 |
4,40 |
1.039 |
412 |
2,23 |
|
1904 |
6.318 |
4,55 |
447 |
4,68 |
1.064 |
420 |
1,94 |
|
1905 |
6.600 |
4,46 |
467 |
4,47 |
1.090 |
428 |
1,90 |
|
1906 |
6.905 |
4,62 |
488 |
4,50 |
1.118 |
437 |
2,10 |
|
1907 |
7.219 |
4,55 |
511 |
4,71 |
1.146 |
445 |
1,83 |
|
1908 |
7.616 |
5,50 |
539 |
5,48 |
1.174 |
459 |
3,15 |
|
1909 |
8.045 |
5,63 |
569 |
5,57 |
1.204 |
473 |
3,05 |
|
1910 |
8.492 |
5,56 |
601 |
5,62 |
1.234 |
487 |
2,96 |
|
1911 |
8.967 |
5,59 |
634 |
5,49 |
1.265 |
501 |
2,87 |
|
1912 |
9.462 |
5,52 |
669 |
5,52 |
1.296 |
516 |
2,99 |
|
1913 |
10.011 |
5,80 |
708 |
5,83 |
1.331 |
532 |
3,10 |
|
1914 |
10.449 |
4,38 |
739 |
4,38 |
1.362 |
543 |
2,07 |
|
1915 |
10.924 |
4,55 |
773 |
4,60 |
1.396 |
553 |
1,84 |
|
1916 |
11.311 |
3,54 |
800 |
3,49 |
1.431 |
559 |
1,08 |
|
1917 |
11.705 |
3,48 |
828 |
3,50 |
1.466 |
565 |
1,07 |
|
1918 |
12.122 |
3,56 |
857 |
3,50 |
1.504 |
570 |
0,88 |
|
1919 |
12.670 |
4,52 |
896 |
4,55 |
1.541 |
582 |
2,11 |
|
1920 |
13.244 |
4,53 |
937 |
4,58 |
1.579 |
593 |
1,89 |
|
1921 |
13.718 |
3,58 |
970 |
3,52 |
1.619 |
599 |
1,01 |
|
1922 |
14.200 |
3,51 |
1.004 |
3,51 |
1.660 |
605 |
1,00 |
|
1923 |
14.699 |
3,51 |
1.040 |
3,59 |
1.701 |
611 |
0,99 |
|
1924 |
15.216 |
3,52 |
1.076 |
3,46 |
1.743 |
617 |
0,98 |
|
1925 |
15.751 |
3,52 |
1.114 |
3,53 |
1.787 |
623 |
0,97 |
|
1926 |
16.258 |
3,22 |
1.150 |
3,23 |
1.826 |
630 |
1,12 |
|
1927 |
17.106 |
5,22 |
1.210 |
5,22 |
1.865 |
649 |
3,02 |
|
1928 |
18.068 |
5,62 |
1.278 |
5,62 |
1.913 |
668 |
2,93 |
|
1929 |
19.063 |
5,51 |
1.348 |
5,48 |
1.959 |
688 |
2,99 |
|
1930 |
19.792 |
3,82 |
1.400 |
3,86 |
2.014 |
695 |
1,02 |
|
1931 |
19.913 |
0,61 |
1.408 |
0,57 |
2.068 |
681 |
-2,01 |
|
1932 |
20.042 |
0,65 |
1.417 |
0,64 |
2.124 |
667 |
-2,06 |
|
1933 |
20.480 |
2,19 |
1.448 |
2,19 |
2.170 |
667 |
0,00 |
Fuente:
André Hofman, “Ecuador: desarrollo económico en el siglo XX”, Quito,
Banco Central del Ecuador, Cuestiones Económicas No. 21, abril de 1994
Anexo 2: PIB
total 1900-1950. Millones dólares internacionales DE 1980
|
|
1900 |
1913 |
1929 |
1950 |
|
Argentina |
6.008 |
13.491 |
23.509 |
39.705 |
|
Brasil |
5.291 |
9.371 |
19.436 |
54.068 |
|
Chile |
3.398 |
5.432 |
8.577 |
13.649 |
|
Colombia |
2.037 |
3.476 |
7.273 |
15.427 |
|
Ecuador |
374 |
708 |
1.348 |
3.471 |
|
México |
13.955 |
19.485 |
22.287 |
50.640 |
|
Venezuela |
2.112 |
2.323 |
4.031 |
12.329 |
|
Alemania |
65.154 |
80.636 |
108.375 |
123.052 |
|
Francia |
53.259 |
77.864 |
94.293 |
125.362 |
|
Japón |
29.840 |
41.102 |
73.490 |
93.343 |
|
Países
Bajos |
11.036 |
14.794 |
26.245 |
35.591 |
|
Reino
Unido |
107.502 |
130.623 |
146.167 |
210.042 |
|
EE.UU. |
222.352 |
368.132 |
600.055 |
1.019.726 |
Fuente:
André Hofman, “Ecuador: desarrollo económico en el siglo XX”, Quito,
Banco Central del Ecuador, Cuestiones Económicas No. 21, abril de 1994
Anexo 3: Evolución
de las exportaciones e importaciones en US$ millones
|
Año |
Exportacio-nes US$ (millones) |
Tasa de crecimiento de las Exportacio-nes
% |
Importacio-nes US$ (millones) |
Tasa de crecimiento de las Importacio-nes
% |
Saldo Comercial US$ (millones) |
Año |
Exportacio-nes US$ (millones) |
Tasa de crecimiento de las Exportacio-nes
% |
Importacio-nes US$ (millones) |
Tasa de crecimiento de las Importacio-nes
% |
Saldo Comercial US$ (millones) |
|
1900 |
7,5 |
6,6 |
0,9 |
1917 |
13,1 |
-17,61 |
8,3 |
-1,19 |
4,7 |
||
|
1901 |
8,0 |
6,67 |
7,4 |
12,12 |
0,6 |
1918 |
9,8 |
-25,19 |
6,0 |
-27,71 |
3,7 |
|
1902 |
9,0 |
12,50 |
7,2 |
-2,70 |
1,8 |
1919 |
19,8 |
102,04 |
11,1 |
85,00 |
8,7 |
|
1903 |
9,4 |
4,44 |
5,6 |
-22,22 |
3,8 |
1920 |
20,3 |
2,53 |
18,1 |
63,06 |
2,2 |
|
1904 |
11,9 |
26,60 |
7,8 |
39,29 |
4,1 |
1921 |
9,9 |
-51,23 |
7,1 |
-60,77 |
2,8 |
|
1905 |
9,7 |
-18,49 |
8,2 |
5,13 |
1,5 |
1922 |
10,7 |
8,08 |
8,0 |
12,68 |
2,6 |
|
1906 |
11,5 |
18,56 |
8,9 |
8,54 |
2,6 |
1923 |
7,7 |
-28,04 |
7,7 |
-3,75 |
0,005 |
|
1907 |
11,6 |
0,87 |
10,0 |
12,36 |
1,6 |
1924 |
12,2 |
58,44 |
10,7 |
38,96 |
1,4 |
|
1908 |
12,9 |
11,21 |
10,0 |
0,00 |
2,9 |
1925 |
16,3 |
33,61 |
12,9 |
20,56 |
3,3 |
|
1909 |
12,0 |
-6,98 |
9,0 |
-10,00 |
3,0 |
1926 |
11,6 |
-28,83 |
9,1 |
-29,46 |
2,5 |
|
1910 |
13,4 |
11,67 |
7,9 |
-12,22 |
5,5 |
1927 |
14,9 |
28,45 |
11,7 |
28,57 |
3,5 |
|
1911 |
12,3 |
-8,21 |
11,0 |
39,24 |
1,3 |
1928 |
15,8 |
6,04 |
16,1 |
37,61 |
-0,2 |
|
1912 |
14,2 |
15,45 |
10,7 |
-2,73 |
3,5 |
1929 |
14,1 |
-10,76 |
16,9 |
4,97 |
-2,7 |
|
1913 |
15,1 |
6,34 |
8,4 |
-21,50 |
6,6 |
1930 |
13,1 |
-7,09 |
12,7 |
-24,85 |
0,3 |
|
1914 |
12,8 |
-15,23 |
8,2 |
-2,38 |
4,5 |
1931 |
8,4 |
-35,88 |
8,8 |
-30,71 |
-0,3 |
|
1915 |
12,3 |
-3,91 |
8,0 |
-2,44 |
3,1 |
1932 |
6,4 |
-23,81 |
4,5 |
-48,86 |
1,8 |
|
1916 |
15,9 |
29,27 |
8,4 |
5,00 |
7,5 |
1933 |
5,3 |
-17,19 |
5,3 |
17,78 |
0,4 |
Fuente:
Luis E. Laso, “Causas que han influido o influyen en la depreciación
del sucre”, en Pensamiento Monetario y Financiero, Quito, Banco Central del
Ecuador-Corporación Editora Nacional, 1986
Anexo 4: Principal
producto de exportación, relación total exportaciones
Millones de
Sucres (S/.)
|
Año |
Exportaciones Totales |
Exportación de Cacao |
Porcentaje de participación del
total |
Año |
Exportaciones Totales |
Exportación de Cacao |
Porcentaje de participación del
total |
|
1900 |
15,4 |
10,7 |
69,40 |
1917 |
33,6 |
21,9 |
65,40 |
|
1901 |
16,4 |
12,3 |
74,76 |
1918 |
27,5 |
17,1 |
62,24 |
|
1902 |
18,1 |
13,3 |
73,24 |
1919 |
43,2 |
28,5 |
65,92 |
|
1903 |
18,6 |
12,2 |
65,47 |
1920 |
44,7 |
31,8 |
71,14 |
|
1904 |
23,3 |
15,2 |
65,49 |
1921 |
36,8 |
20,3 |
55,16 |
|
1905 |
18,6 |
10,9 |
58,80 |
1922 |
59,2 |
30,2 |
51,01 |
|
1906 |
22,0 |
12,2 |
55,54 |
1923 |
36,8 |
18,9 |
51,36 |
|
1907 |
22,9 |
13,5 |
58,84 |
1924 |
59,2 |
30,2 |
51,01 |
|
1908 |
26,6 |
17,7 |
66,78 |
1925 |
69,6 |
34,0 |
48,85 |
|
1909 |
24,9 |
14,5 |
58,37 |
1926 |
60,2 |
24,6 |
40,86 |
|
1910 |
28,1 |
16,2 |
57,78 |
1927 |
74,8 |
36,9 |
49,33 |
|
1911 |
26,1 |
16,1 |
61,63 |
1928 |
79,4 |
29,6 |
37,28 |
|
1912 |
28,2 |
15,7 |
55,79 |
1929 |
70,8 |
21,2 |
29,94 |
|
1913 |
32,5 |
28,5 |
87,80 |
1930 |
65,6 |
23,4 |
35,67 |
|
1914 |
26,9 |
20,8 |
77,28 |
1931 |
42,3 |
12,2 |
28,84 |
|
1915 |
26,5 |
19,9 |
75,14 |
1932 |
35,5 |
11,2 |
31,55 |
|
1916 |
36,2 |
26,2 |
72,57 |
1933 |
31,7 |
8,7 |
27,44 |
Fuente:
Paul Drake, “La Misión Kemmerer en el Ecuador: revolución y
regionalismo”, en Cultura No. 13, Banco Central del Ecuador, Quito, 1982
Guillermo Arosemena, “Ecuador: evolución y búsqueda del despegue
económico 1830-1938”, Banco Central del Ecuador, Guayaquil, 1990
Anexo 5: Participación
de la sierra y de la costa en el total de las exportaciones en el Ecuador
Sucres (s/.)
|
Año |
Exportaciones Totales |
Productos del Interior Exportados |
Porcentaje de participación del
total |
Productos de la Costa Exportados |
Porcentaje de participación del
total |
|
1900 |
15.419.000 |
531.000 |
3,44 |
14.888.000 |
96,56 |
|
1901 |
16.393.000 |
524.000 |
3,20 |
15.869.000 |
96,80 |
|
1902 |
18.106.000 |
721.000 |
3,98 |
17.385.000 |
96,02 |
|
1903 |
18.626.000 |
784.000 |
4,21 |
17.842.000 |
95,79 |
|
1904 |
18.410.000 |
743.000 |
4,04 |
17.667.000 |
95,96 |
|
1905 |
18.566.000 |
1.270.000 |
6,84 |
17.296.000 |
93,16 |
|
1906 |
21.965.000 |
1.869.000 |
8,51 |
20.096.000 |
91,49 |
|
1907 |
22.996.000 |
1.984.000 |
8,63 |
21.102.000 |
91,76 |
|
1908 |
26.559.000 |
1.133.000 |
4,27 |
25.426.000 |
95,73 |
|
1909 |
24.879.000 |
1.610.000 |
6,47 |
23.269.000 |
93,53 |
|
1910 |
28.062.000 |
1.862.000 |
6,64 |
26.200.000 |
93,36 |
|
1911 |
26.115.000 |
1.565.000 |
5,99 |
24.550.000 |
94,01 |
|
1912 |
28.168.000 |
1.200.000 |
4,26 |
26.968.000 |
95,74 |
|
1913 |
31.438.000 |
1.977.000 |
6,29 |
29.461.000 |
93,71 |
|
1914 |
26.876.000 |
1.356.000 |
5,05 |
25.520.000 |
94,95 |
|
1915 |
26.533.000 |
1.608.000 |
6,06 |
24.925.000 |
93,94 |
|
1916 |
36.151.000 |
2.467.000 |
6,82 |
33.684.000 |
93,18 |
|
1917 |
33.466.000 |
3.626.000 |
10,83 |
29.840.000 |
89,17 |
|
1918 |
27.499.000 |
2.835.000 |
10,31 |
24.664.000 |
89,69 |
|
1919 |
43.220.000 |
2.784.000 |
6,44 |
40.436.000 |
93,56 |
|
1920 |
49.817.000 |
2.690.000 |
5,40 |
47.127.000 |
94,60 |
Fuente:
Guillermo Arosemena, “Ecuador: evolución y búsqueda del despegue
económico 1830-1938”, Banco Central del Ecuador, abril de 1990
Anexo 6: Evolución
del tipo de cambio promedio anual
|
Año |
Tipo de cambio promedio anual sucres por US$ |
Tasa de variación del tipo de cambio % |
Año |
Tipo de cambio promedio anual sucres por US$ |
Tasa de variación del tipo de cambio % |
Año |
Tipo de cambio promedio anual sucres por US$ |
Tasa de variación del tipo de cambio % |
|
1900 |
2,05 |
1912 |
2,12 |
6,53 |
1924 |
5,41 |
35,25 |
|
|
1901 |
2,04 |
-0,49 |
1913 |
2,15 |
1,42 |
1925 |
4,41 |
-18,48 |
|
1902 |
2,01 |
-1,47 |
1914 |
2,10 |
-2,33 |
1926 |
4,69 |
6,35 |
|
1903 |
1,99 |
-1,00 |
1915 |
2,16 |
2,86 |
1927 |
5,00 |
6,61 |
|
1904 |
1,96 |
-1,51 |
1916 |
2,27 |
5,09 |
1928 |
5,02 |
0,40 |
|
1905 |
1,93 |
-1,53 |
1917 |
2,44 |
7,49 |
1929 |
5,06 |
0,80 |
|
1906 |
1,91 |
-1,04 |
1918 |
2,35 |
-3,69 |
1930 |
5,05 |
-0,20 |
|
1907 |
2,06 |
7,85 |
1919 |
2,11 |
-10,21 |
1931 |
5,06 |
0,20 |
|
1908 |
2,15 |
4,37 |
1920 |
2,38 |
12,80 |
1932 |
6,00 |
18,58 |
|
1909 |
2,08 |
-3,26 |
1921 |
4,14 |
73,95 |
1933 |
6,00 |
0,00 |
|
1910 |
2,10 |
0,96 |
1922 |
4,55 |
9,90 |
1934 |
12,00 |
100,00 |
|
1911 |
1,99 |
-5,24 |
1923 |
4,00 |
-12,09 |
Fuente:
Guillermo Arosemena, “Ecuador: evolución y búsqueda del despegue
económico 1830-1938”, Banco Central del Ecuador, abril de 1990
Anexo 7: Circulación
de billetes y precios
|
Año |
Circulación Billetes 1913-100 |
Precios 25 Artículos |
|
1913 |
100 |
100 |
|
1914 |
77 |
100 |
|
1915 |
84 |
|
|
1916 |
115 |
|
|
1917 |
129 |
204 |
|
1918 |
137 |
238 |
|
1919 |
150 |
214 |
|
1920 |
158 |
193 |
|
1921 |
160 |
194 |
|
1922 |
179 |
215 |
|
1923 |
197 |
208 |
|
1924 |
237 |
242 |
|
1925 |
259 |
245 |
Fuente:
Guillermo Arosemena, “Ecuador: evolución y búsqueda del despegue
económico 1830-1938”, Banco Central del Ecuador, abril de 1990
[1] Economista
por la Universidad Central del Ecuador, Maestría en Economía por la Universidad
(Instituto) Torcuato Di Tella, Doctor en Economía por la Universidad de Alcalá,
Profesor Principal Universidad Politécnica Nacional, Profesor Principal
Universidad Católica del Ecuador, correo electrónico: marco.naranjo@epn.edu.ec
[2] P. Krugman-M. Obstfeld. Economía
Internacional, McGraw-Hill, Madrid, Cuarta Edición, 1999, p. 434
[3] R.
Harrod. El Dinero, Barcelona, Ediciones Ariel, 1972, p. 124
[4] P. Temin. Lessons for the Present from the Great Depression, The American Economic Review. Papers and Procedings. Vol. 66, No. 2, mayo de 1976, pp. 440-45
[5] A. Torrero. El renovado interés por
el funcionamiento del Patrón Oro, Universidad de Alcalá, Trabajo no
publicado, Madrid, 2000, p. 41.
[6] D. Hume. Of the Balance of trade, reimpreso en The Gold Standard
in Theory and History, de Barry Eichengreen Ed. London, Methen, 1985, p. 39
[7] Op Cit. P. Krugman y M. Obstfeld, p. 436
[8] E.W. Kemmerer. Oro y Patrón Oro, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1947, p. 198
[9] Committee on
Currency and Foreign Exchanges After the War (Cunliffe Committee). His Majesty’s Stationery Office. Cmd 9182, 1918
[10] Op. Cit.
Antonio Torrero, p. 5
[11] P. Almeida-M.
Naranjo. Pensamiento dominante y economía nacional en la década de los años
veinte, en: Crisis y Cambios de la economía ecuatoriana en los años veinte,
Banco Central del Ecuador, Quito, p. 50
[12] M.D. Bordo y
F.E. Kydland. The gold standard as a commitment mechanism, en T. Bayoumi, B. Echengreen y M.P. Taylor (eds.). Modern perspectives
on the gold standard. Cambridge University Press, 1996, p. 55
[13] G. Arosemena.
El Ecuador y su moneda, en: La segunda muerte de Sucre, Instituto
Ecuatoriano de Economía Política, Guayaquil, 1999
[14] M. Naranjo
Chiriboga. Dolarización Oficial y Regímenes Monetarios en el Ecuador,
Quito, Colegio de Economistas de Pichincha, 2005
[15] L.A. Carbo. Historia
Monetaria y Cambiaria del Ecuador, Banco Central del Ecuador, Quito, 1978,
p. 51
[16] Guayaquil,
desde la fundación del Ecuador como República, ha sido la capital económica y
el puerto principal. Además su actividad
exportadora y de comercio exterior proveyó de los recursos para el
financiamiento de la Independencia de España y el funcionamiento del Estado
hasta 1971.
[17] F. Velasco. Ecuador:
Subdesarrollo y Dependencia, Editorial El Conejo, Quito, 1983, p. 36
[18] E. Larrea Stacey. Pensamiento Monetario y Financiero (primera parte), Banco Central del Ecuador-Corporación Editora Nacional, Quito, 1986, p. 31|
[19] Op. Cit.
L.A. Carbo, p. 55
[20] Ibid, pp. 93-94
[21] V.E. Estrada.
¿Moratoria o conversión?, Librería e imprenta Gutenberg, Guayaquil,
1921, p. 12
[22] El 28 de
enero de 1912, una turba azuzada por un contubernio extraño de conservadores y
liberales penetraron al panóptico donde se encontraba detenido el presidente
Eloy Alfaro y, en el episodio más triste de la historia ecuatoriana,
procedieron a asesinarlo y a arrastrarlo por las calles de Quito hasta
incinerarlo en el parque de El Ejido, consumando de esta manera la llamada
“Hoguera Bárbara”.
[23]
G.
Arosemena, Ecuador: evolución y búsqueda del despegue económico 1830-1938,
Guayaquil, Banco Central del Ecuador, 1990, p. 191
[24] Además, el
tamaño de la economía ecuatoriana era notablemente reducido. Para 1900 su
Producto Interno Bruto equivalía apenas a la décima parte del que tenía Chile,
a la vigésima parte del de la Argentina, era 287 veces menor que el de Reino
Unido y cerca de 500 veces menos que el de Estados Unidos. (Ver nexo 2)
[25] Op. Cit.
L.A. Carbo, p. 114
[26] M. Luna, Regiones,
clases y enfrentamientos sociales en los veinte, en Crisis y Cambios de la
Economía Ecuatoriana en los Años Veinte, Quito, Banco Central del Ecuador,
1987, p. 193
[27] Banco Central
del Ecuador. Qué es el Banco Central del Ecuador, BCE, Quito, 1990, p.
12
[28] P. Drake. La
Creación de los Bancos Centrales en los Países Andinos, en: La formación de
los Bancos Centrales en España y América Latina, Madrid, Banco de España, 1994
[29] J. Oleas. El
segundo patrón oro en el Ecuador: agosto de 1927 - febrero de 1932. en
Revista Ecuatoriana de Historia Económica No. 11, Banco Central del Ecuador,
Quito, 1995, p. 17
[30] Op. Cit. Banco Central del Ecuador, p. 13
[31] Banco Central
del Ecuador. Actas del Directorio del Banco Central del Ecuador Nos. 11
y 20 del 26 de mayo y del 6 de junio de 1927, respectivamente.
[32] Ibid. Actas
del Directorio del Banco Central del Ecuador, No. 23 del 9 de junio de 1927